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Archive for the ‘Entretenimiento y divagaciones’ Category

Mi receta de espaguetis (o cómo pasé de simplemente sobrevivir en la cocina a descubrir que en ocasiones se puede disfrutar)


Ingredientes:

  • 200 g de espaguetis (es el sobre que uno generalmente identifica como de media libra)
  • 1 sobre de pasta de tomate (el de la marca Naturas trae 113 g)

    Algunos ingredientes

    Algunos ingredientes

  • 1 sobre de sofrito (nuevamente utilicé marca Naturas, en este caso el sobre contiene 106 g, aunque no hay que utilizarlo todo)
  • ½ rodaja de jamón (Para mí es más que suficiente, pero sé que depende de los gustos)
  • ½ barra de margarina. Aprovecho para incluir la recomendación que una amiga me hizo con respecto a productos como la margarina: es importante considerar siempre las alternativas menos sintéticas
  • ¼ de taza de mantequilla crema (recomiendo la comprada en puestos de venta de lácteos frescos, usualmente ubicados a orilla de la calle en colonias populosas o en los mercados, yo compro generalmente en un local ubicado en la colonia El Pedregal)
  • 1 cucharada pequeña de sal

  • ¼ de taza de sal de ajo (yo uso de una que tiene orégano incluido)
  • ½ cabeza de ajo
  • Agua
  • 1 semilla de fe (“aferrarse a lo que se espera, certeza de cosas que no se pueden ver”, cita tomada de La Biblia Latinoamericana), quizás la versión del filósofo danés Soren Kierkegaard sea útil también: en determinados momentos es necesario dar un salto de fe. Esto nos pone en una actitud de optimismo, es importante creer que nos irá bien, influye en nuestro desempeño.
  • 2 bocinas (por lo menos), sí, la música es importante, anima y genera un ambiente productivo y creativo
  • Una saludable dosis de hambre, es un buen motivador

Implementos:

  • Cacerola con capacidad para 2 litros de agua

    Algunos implementos

    Algunos implementos

  • Colador grande (sí, grande es un término ambiguo, me refiero a un colador con capacidad para colar la cantidad de pasta deseada), también el cedazo debe contener agujeros lo suficientemente grandes para filtrar adecuadamente el agua, y suficientemente pequeños como para que no se pierda la pasta.
  • Sartén, idealmente de superficie antiadherente (teflón)
  • 2 cucharones de plástico resistente al calor, con poca profundidad, uno con ranura que permita escurrir el líquido, el otro sin ranura
  • Tabla para picar (no importa el material, la que yo uso es de madera)
  • Cuchillo para picar, idealmente de hoja anti oxidable

Preparación:

  • Para 2oo gramos de espaguetis se recomiendan 2 litros de agua, sí, las primeras veces que preparé este platillo me hice la pregunta acerca de cómo medir los dos litros, se me ocurrió que con tazas, sin embargo surgió una nueva pregunta: ¿Cómo rayos sé cuántas tazas caben en un litro? Tuve que buscar en Google, me enteré que 4 tazas hacen un litro, en días recientes me fijé que mis tazas medidoras tienen una marca en la parte superior que indica cuando están llenas, la marca dice “250 ml”, si hubiese visto eso antes, me habría ahorrado la búsqueda en la Web, el sentido común me hubiese indicado que 1000 ml hacen un litro y que si cada taza contiene 250 ml, lo que necesito para completar el litro son 4 tazas, aritmética básica, pero poca observación inicial.
  • Se ponen a hervir en la cacerola los dos litros de agua, se le agrega el ajo y la sal, una vez que el agua está hirviendo se agregan los espaguetis
  • ¿Cómo agregar los espaguetis? Existen dos escuelas teóricas de pensamiento al respecto, según indagaciones que hice hace tiempo con personas más conocedoras: Los de un bando sostienen que estos deben quebrarse (usualmente en dos partes) y luego introducirlos al agua; los del otro equipo sostienen que es mejor introducirlos sin quebrarlos, lentamente esperando a que el agua los vaya ablandando mientras uno con la mano los sujeta y moderadamente empuja dentro del líquido hirviente. A esta segunda escuela de pensamiento es que yo me adhiero.
  • Unos 7 minutos bastan para que la pasta alcance su punto ideal, aunque hay que irla probando, para algunos la prueba final es tomar un trozo de la misma y lanzarlo hacia una pared, y si se queda pegado quiere decir que se alcanzó el punto ideal de cocción, bueno esto es casi mitológico pues muchos factores pueden incidir en que ese pedazo de pasta se adhiera a la pared , yo lo he hecho pero puedo certificar que prefiero el método de morder la pasta y dejar que mi equipamiento sensorial gustativo y táctil se encargue del veredicto.
  • ¡Lista la pasta! Bien, entonces la retiramos del fuego y procedemos a colarla, liberándola del exceso de líquido.
  • Unos minutos antes de que la pasta esté lista, hemos iniciado actividades con la sartén, con temperatura media le agregamos 4 tazas de agua (OK, la verdad es un estimado, no verifiqué la cantidad de agua, le iba agregando al cálculo o como se suele decir “al chile” (variante de la expresión igualmente pegajosa “al chilazo”)

    Versión final

    Versión final

  • El agua es la base para diluir la salsa roja que se preparará
  • Agregamos la pasta, ¼ del sobre de sofrito, la margarina, la mantequilla y la sal de ajo
  • Mientras se cocina la salsa picamos el jamón en cuadros pequeños, a gusto del usuario, y los agregamos cuando vemos que está por hervir la salsa
  • Una vez que la salsa está lista, sumergimos los espaguetis en ella, removemos principalmente con el cucharón que tiene ranura. La razón de utilizar ambos cucharones es que a la hora de servir lo podemos hacer con los dos, formando una especie de pinza, y si queremos solamente servirnos “juguito” el cucharón sin ranura será el utensilio de preferencia.
  • Ahora toca servir y disfrutar, se puede agregar salsa picante y queso rallado, es opcional y queda a discreción del comensal

Presupuesto estimado

La verdad: con menos de 30 lempiras se prepara, algo así como 1 dólar con 50 centavos

Conclusión

Bien, esa es mi composición / relatoría / sistematización de experiencia con respecto a la preparación de espaguetis. Supongo que en gran medida se trata de seguir instintos, experimentar y descubrir.

Raúl Otoniel, 28 de junio de 2013

“Je lis donc j’écris”. Leo, luego escribo


Este título es una modificación de una frase muy conocida expresada por un pensador francés en el siglo diecisiete, el intelectual es René Descartes, la frase original dice “Je pense donc je suis”, significa: pienso, luego (por tanto) existo.

No sé hablar o escribir francés, tomé unos cursos hace varios años y los disfruté mucho, pero no culminé la formación, sin embargo llegué a interiorizar un aprecio singular por el idioma, la riqueza sonora siempre me encantó, y de hecho cuando tengo oportunidad de decir alguna palabra en francés, olvido la modestia y me esfuerzo por emitir la pronunciación correcta, a lo mejor existe allí un deseo de impresionar. De cualquier forma, cuando se me pregunta al respecto soy honesto y admito que tengo conocimientos bien limitados.

Lo otro que he adorado ha sido el aporte intelectual de muchos pensadores franceses, así que no es casualidad este título en un idioma que considero particularmente bello (aunque esté muy lejos de dominarlo).

Volviendo a la frase “pienso luego existo”, la misma fue un postulado que reafirmaba una certeza esencial, la del ser, la de la existencia, algo así como una certeza a partir de la cual muchas más se desprenderían. Pues bien, esta publicación no es sobre Descartes, aunque robé inspiración de su frase para mi título, sin embargo, al igual que él, yo inicio desde una certeza: leo, luego (por tanto) escribo.

Hoy pensaba al respecto, sobre lo indispensable que es para mí la lectura, y considerando que en algunos momentos me he aventurado a escribir poemas, pensamientos, reflexiones, ensayos y otros, caí en la cuenta que para escribir es necesario leer.

Hoy recordé el discurso que con motivo de recibir el premio Nobel de literatura en 1999 brindó el escritor alemán Günter Grass, es una pieza de oratoria brillante, acompañada de una estupenda dosis de reflexión intelectual, en ese discurso el autor mencionaba su obsesión desde muy niño con la lectura y cuenta cómo en determinado momento estaba tan absorto en su labor, que su madre para demostrarle a una vecina el nivel de concentración del joven, tomó un jabón (quizás Palmolive, según estima el autor) y lo colocó en sustitución de un pan que el pequeño Günter tenía en su mesa, pan que mordía cada cierto tiempo, el joven sin darse cuenta del reemplazo hecho por su madre  para alardear con la vecina, tomó el jabón, lo mordió y pasó un buen rato antes de darse cuenta del error y reaccionar, así de intenso puede ser el hábito.

Yo no soy Günter Grass, pero hace unas pocas noches una amiga que trabaja en un café de un centro comercial y que me observa leer allí, me preguntó que cómo hacía para concentrarme, pues hay música del local mezclada con música ambiental del centro comercial; hay murmullo de la gente entrando y saliendo; a veces niños riendo sonoramente, etcétera (solamente para enumerar las potenciales distracciones sonoras, sin entrar en las visuales).

La pregunta me hizo detenerme un rato, mover los ojos de un lado a otro y ser consciente de mi respiración, después de razonar por un par de segundos le respondí que es la costumbre, y que poco a poco con el hábito he desarrollado capacidad de concentración (OK, no al punto de morder un jabón accidentalmente), de manera que es como entrar en otro universo sin abandonar totalmente el plano de la realidad donde me encuentro. Casualmente el libro que estaba leyendo en ese momento era de Günter Grass.

Hay un elemento que refuerza mi planteamiento inicial, partiendo de mi experiencia y dejando de lado el testimonio de escritores que confiesan ser grandes lectores, el elemento en cuestión es haber comprobado que entre más leo, más agrego fuentes de ideas a mi centro mental de almacenamiento y procesamiento; descubro palabras y formas de colocarlas; también descubro enfoques de pensamiento.

El resultado es crear a partir de nuevas palabras y nuevos enfoques, añadiendo mi pensamiento individual, haciendo una reconversión de la materia prima recientemente adquirida. Y cuando he dejado de leer o disminuyo la lectura, también lo noto en mis escritos, y hasta en mi forma de hablar, es como que al terreno le entraron menos nutrientes, por tanto la cosecha será de menor calidad.

En mi opinión, cualquier persona que considere escribir, necesita leer, además es también un acto de humildad, pues conlleva reconocer que necesitamos abrevar en otras fuentes. Si los ganadores de premios Nobel lo han hecho y lo continúan haciendo, con mucha más razón lo deberíamos hacer quienes de vez en cuando incursionamos en este mundo creativo.

Hoy podemos leer en diversas plataformas, puede ser el clásico libro impreso en papel; puede ser en archivo PDF leído en una computadora o en una tablet; puede ser mediante un dispositivo celular; hay muchas maneras de hacerlo, ya no tenemos excusa para no leer, pues la Web nos ofrece muchas opciones, una gran cantidad de ellas gratuitas para acceder a ese universo.

Y ya para finalizar, opino que no hay lectura insignificante, siempre podemos extraer algo de valor de la palabra escrita.

Leo luego escribo.

Raúl Otoniel (25 de mayo de 2013)

Lo sencillo no es simple


Y lo complejo no siempre es profundo. Simplicidad es sinónimo de pereza, hacer algo con simpleza, sin interés y sin involucrarse, sin ganas, casi como sin querer. Lo sencillo en cambio es sinónimo de austeridad, de precisión, de economía.

La sencillez implica liberarse de lo redundante, por eso mismo es también una declaración de autenticidad, un rechazo contundente, elocuente y consciente al exceso.

La complejidad tiene que ver con las interconexiones posibles en un sistema dado, sin embargo no se garantiza la profundidad, pienso en una red para pescar, se puede incrementar su complejidad agregándole más puntos de unión, sin embargo si permanece en la superficie del agua hablaríamos de complejidad sin alcanzar profundidad, por otro lado una sencilla piedra con el peso y la dirección adecuada puede alcanzar más profundidad y precisión.

Lo sencillo puede ser hermoso, en mi vida prefiero las cosas sencillas. Aspiro a lo que puede ser sencillamente profundo, creo que es preferible a lo simplemente complejo.

Sencillamente Raúl Otoniel (22 de mayo de 2013)

Coincidencias


Con frecuencia alguna gente dice: “los males no vienen solos”; a veces somos muy astutos para identificar patrones negativos, es como que si el radar está ajustado para captar esas coincidencias desafortunadas; el fenómeno de “la mala racha”; no quiero decir que es imposible que eventos negativos sucedan de manera casi simultánea, sí es posible; pero estimo que es más un asunto de percepciones, entra en juego la manera en que calibramos nuestro sistema perceptivo.

Hoy pensaba en eso, debido a que una serie de eventos aparentemente inconexos formaron una red de situaciones que operaron a mi beneficio: sucede que un retraso de una persona mientras hacía un trámite administrativo y el encuentro casual con otra persona (plática incluida) a la salida de una estación radial me impidieron abordar un taxi que me iba a llevar a una reunión ya programada, sin embargo esos dos eventos junto a otros de menor calibre sumaron y me permitieron recibir una llamada informándome que mi carro ya estaba listo en el taller, sí, abordé un taxi pero ya con rumbo hacia el taller, igualmente pude llegar a la reunión pues afortunadamente se había movido el horario de la misma.

Mientras iba al volante, llegando a una intersección que me desviaría hacia el lugar de la reunión disminuí la velocidad de la marcha, el tráfico se intensificó y alguna gente en la acera cruzó la calle, comencé a pensar en esto de las casualidades afortunadas, mientras fijaba la mirada en una joven mujer que llevaba blusa negra y minifalda con estampado tigreado, ella iba por la acera, justo allí hice una nota mental: “deberías de escribir sobre las casualidades”.

Algunas horas después, bajaba las gradas de un centro comercial para ir por mi café de la noche, ya había decidido escribir sobre otro tema, pero de repente la casualidad arribó, subiendo las gradas eléctricas en dirección opuesta a mí, venía la mujer de minifalda con estampado tigreado, así que decidí que era justo y necesario escribir hoy sobre las casualidades, y celebrarlas, tanto las afortunadas y como las no tan afortunadas, pues no sabemos las posibilidades que yacen en el horizonte más allá de lo inmediato.

Por cierto, la mujer de minifalda con estampado tigreado subía las escaleras del brazo de un hombre.

Raúl Otoniel (21 de mayo de 2013)

Generación YouTube


http://www.guardian.co.uk/technology/2013/apr/07/youtube-superstars-new-generation-bloggers

YouTube llegó para quedarse y revolucionar el entretenimiento, es una de las premisas de este artículo muy bien elaborado y sumamente revelador del diario The Guardian, el autor (que está llegando a los cuarenta años) admite que había subestimado a YouTube.

Mientras yo leía (también me acerco a los cuarenta años), me di cuenta que también he subestimado el potencial que tiene YouTube para modificar el panorama de la comunicación en masa.

Hay algunas ideas clave: interacción, contenidos, familiaridad, capacidad de ser multiplataforma. Es interesante razonar sobre la reflexión que el autor plantea en cuanto a que la imagen idealizada de una familia sentada frente a su televisor es algo ya del pasado, un pasado que cada vez se siente más lejano, ante un medio cuyas superestrellas son muchachos con edades entre 20 y 25 años.

Hoy una colega del ámbito de la comunicación me contaba otro dato: YouTube es el segundo buscador más utilizado, después de Google. El potencial es enorme.

Raúl Otoniel (9 de abril de 2013)

Es 1992, otra vez


Es 1992 otra vez, tenía 18, hoy tengo 38, apenas 20 han transcurrido, mucha agua ha jalado la corriente en veinte años. El otro día pasé enfrente del Instituto Guillén Zelaya, y una cascada de memorias vino: la fila ante el portón en la mañana, el uniforme amarillo con café, mi contextura delgada desprovista de excesos abdominales, el punto de taxis colectivos, un bus de ruta urbana que tomé más de alguna vez porque los colectivos estaban llenos, las caminadas por la peatonal bajo el sol intenso del mediodía, para buscar almuerzo o simplemente para hacer tiempo, el Trabajo Educativo Social los sábados, reforestando el anexo de la institución en la colonia El Pedregal (a veces llegaba a tiempo a casa para terminar de ver el programa Nubeluz, que era principalmente para niños, pero me encantaban las piernas de las presentadoras, en atuendos sugerentes y provocativos), mi cumpleaños 18, mi licencia de conducir y mi primer carro (nada lujoso, pero funcional y que agradecí mucho), la estudiante de intercambio que venía de Suiza y que me llamó la atención, quizás porque también yo me sentía extranjero en un mundo que apenas empezaba a comprender, la clase de Educación Física aprendiendo natación en las piscinas de La Isla (sí, eran razonablemente limpias y con exceso de cloro me sentía confortablemente seguro), por obligación leí La Metamorfosis, de Franz Kafka, y descubrí que mi relación con los libros no iba a ser una relación pasajera, descubrí que había un potencial tremendo para que surgiera entre las palabras escritas y yo un romance duradero y significativo, al ritmo de Metallica y Guns n Roses podía pasar horas en semitrance, del que regresaba porque había que ver la novela de las 5 de la tarde (sí, en algún momento vi telenovelas), y el cuento sigue y las memorias también, el río fluye y hay más por descubrir.

Si escribo del pasado no es por nostalgia, es porque aún me siento joven, y parte de lo que soy tiene su origen en lo que fui. Hoy tengo 38, y recuerdo los 18, y me doy cuenta que hay mucho de ese joven en mí, hoy estoy listo para escribir nuevos capítulos en mi historia.

Raúl Otoniel (18 de marzo de 2013)

Carnitas


Finalmente. Por fin probé las carnitas de la Bella Oriente, están bien, no épicas, pero muy bien.

También observé que una buena parte del boulevard Fuerzas Armadas ha sido reparada, muy bien hecho (generalmente notamos los baches, pero es bueno reconocer cuando el trabajo se ha hecho correctamente).

Y finalmente, pero no menos importante: saludos (quizás nunca los reciba) a la muchacha impulsadora de la marca de bebidas energizantes Monster, que se encuentra en la gasolinera Uno del boulevard Fuerzas Armadas, tiene muy buenas piernas y su atuendo es sumamente sugerente, gracias.

Raúl Otoniel (14 de marzo de 2013)

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