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Mi receta de espaguetis (o cómo pasé de simplemente sobrevivir en la cocina a descubrir que en ocasiones se puede disfrutar)


Ingredientes:

  • 200 g de espaguetis (es el sobre que uno generalmente identifica como de media libra)
  • 1 sobre de pasta de tomate (el de la marca Naturas trae 113 g)

    Algunos ingredientes

    Algunos ingredientes

  • 1 sobre de sofrito (nuevamente utilicé marca Naturas, en este caso el sobre contiene 106 g, aunque no hay que utilizarlo todo)
  • ½ rodaja de jamón (Para mí es más que suficiente, pero sé que depende de los gustos)
  • ½ barra de margarina. Aprovecho para incluir la recomendación que una amiga me hizo con respecto a productos como la margarina: es importante considerar siempre las alternativas menos sintéticas
  • ¼ de taza de mantequilla crema (recomiendo la comprada en puestos de venta de lácteos frescos, usualmente ubicados a orilla de la calle en colonias populosas o en los mercados, yo compro generalmente en un local ubicado en la colonia El Pedregal)
  • 1 cucharada pequeña de sal

  • ¼ de taza de sal de ajo (yo uso de una que tiene orégano incluido)
  • ½ cabeza de ajo
  • Agua
  • 1 semilla de fe (“aferrarse a lo que se espera, certeza de cosas que no se pueden ver”, cita tomada de La Biblia Latinoamericana), quizás la versión del filósofo danés Soren Kierkegaard sea útil también: en determinados momentos es necesario dar un salto de fe. Esto nos pone en una actitud de optimismo, es importante creer que nos irá bien, influye en nuestro desempeño.
  • 2 bocinas (por lo menos), sí, la música es importante, anima y genera un ambiente productivo y creativo
  • Una saludable dosis de hambre, es un buen motivador

Implementos:

  • Cacerola con capacidad para 2 litros de agua

    Algunos implementos

    Algunos implementos

  • Colador grande (sí, grande es un término ambiguo, me refiero a un colador con capacidad para colar la cantidad de pasta deseada), también el cedazo debe contener agujeros lo suficientemente grandes para filtrar adecuadamente el agua, y suficientemente pequeños como para que no se pierda la pasta.
  • Sartén, idealmente de superficie antiadherente (teflón)
  • 2 cucharones de plástico resistente al calor, con poca profundidad, uno con ranura que permita escurrir el líquido, el otro sin ranura
  • Tabla para picar (no importa el material, la que yo uso es de madera)
  • Cuchillo para picar, idealmente de hoja anti oxidable

Preparación:

  • Para 2oo gramos de espaguetis se recomiendan 2 litros de agua, sí, las primeras veces que preparé este platillo me hice la pregunta acerca de cómo medir los dos litros, se me ocurrió que con tazas, sin embargo surgió una nueva pregunta: ¿Cómo rayos sé cuántas tazas caben en un litro? Tuve que buscar en Google, me enteré que 4 tazas hacen un litro, en días recientes me fijé que mis tazas medidoras tienen una marca en la parte superior que indica cuando están llenas, la marca dice “250 ml”, si hubiese visto eso antes, me habría ahorrado la búsqueda en la Web, el sentido común me hubiese indicado que 1000 ml hacen un litro y que si cada taza contiene 250 ml, lo que necesito para completar el litro son 4 tazas, aritmética básica, pero poca observación inicial.
  • Se ponen a hervir en la cacerola los dos litros de agua, se le agrega el ajo y la sal, una vez que el agua está hirviendo se agregan los espaguetis
  • ¿Cómo agregar los espaguetis? Existen dos escuelas teóricas de pensamiento al respecto, según indagaciones que hice hace tiempo con personas más conocedoras: Los de un bando sostienen que estos deben quebrarse (usualmente en dos partes) y luego introducirlos al agua; los del otro equipo sostienen que es mejor introducirlos sin quebrarlos, lentamente esperando a que el agua los vaya ablandando mientras uno con la mano los sujeta y moderadamente empuja dentro del líquido hirviente. A esta segunda escuela de pensamiento es que yo me adhiero.
  • Unos 7 minutos bastan para que la pasta alcance su punto ideal, aunque hay que irla probando, para algunos la prueba final es tomar un trozo de la misma y lanzarlo hacia una pared, y si se queda pegado quiere decir que se alcanzó el punto ideal de cocción, bueno esto es casi mitológico pues muchos factores pueden incidir en que ese pedazo de pasta se adhiera a la pared , yo lo he hecho pero puedo certificar que prefiero el método de morder la pasta y dejar que mi equipamiento sensorial gustativo y táctil se encargue del veredicto.
  • ¡Lista la pasta! Bien, entonces la retiramos del fuego y procedemos a colarla, liberándola del exceso de líquido.
  • Unos minutos antes de que la pasta esté lista, hemos iniciado actividades con la sartén, con temperatura media le agregamos 4 tazas de agua (OK, la verdad es un estimado, no verifiqué la cantidad de agua, le iba agregando al cálculo o como se suele decir “al chile” (variante de la expresión igualmente pegajosa “al chilazo”)

    Versión final

    Versión final

  • El agua es la base para diluir la salsa roja que se preparará
  • Agregamos la pasta, ¼ del sobre de sofrito, la margarina, la mantequilla y la sal de ajo
  • Mientras se cocina la salsa picamos el jamón en cuadros pequeños, a gusto del usuario, y los agregamos cuando vemos que está por hervir la salsa
  • Una vez que la salsa está lista, sumergimos los espaguetis en ella, removemos principalmente con el cucharón que tiene ranura. La razón de utilizar ambos cucharones es que a la hora de servir lo podemos hacer con los dos, formando una especie de pinza, y si queremos solamente servirnos “juguito” el cucharón sin ranura será el utensilio de preferencia.
  • Ahora toca servir y disfrutar, se puede agregar salsa picante y queso rallado, es opcional y queda a discreción del comensal

Presupuesto estimado

La verdad: con menos de 30 lempiras se prepara, algo así como 1 dólar con 50 centavos

Conclusión

Bien, esa es mi composición / relatoría / sistematización de experiencia con respecto a la preparación de espaguetis. Supongo que en gran medida se trata de seguir instintos, experimentar y descubrir.

Raúl Otoniel, 28 de junio de 2013

Suyapa y Suyapa, parte 3


En la primera semana de febrero de este año, mientras se llevaba a cabo la Feria de Suyapa, le propuse a mi mamá que fuésemos a visitar la iglesia, a ella le agradó la idea y lo hicimos ya cerca del mediodía, tenía yo cierta curiosidad por volver después de muchos años y de alguna manera experimentar el ambiente lleno de fervor religioso que en esas fechas se vive allí.

Entre los puestos de venta de suvenires, ropa y comida encontramos estacionamiento con sombra, casi enfrente de la iglesia, y sin mucha demora entramos. La iglesia es pequeña en comparación con otras, podría decir que se siente austera y sencilla, la nave central es insuficiente para albergar a todos los visitantes, por lo que se han dispuesto filas de asientos en el transepto, sin entrar en mucho detalle arquitectónico diré que el transepto sería como los brazos de una cruz, si viésemos la iglesia desde arriba la nave central sería el palo mayor y el transepto sería el palo transversal, justo antes de llegar a la porción superior conocida como cabecera, en la cabecera es donde se encuentra la estatua de la Virgen de Suyapa.

Pero antes mencioné a Praga, y lo hice porque cruzando el transepto hacia la derecha se encuentra otro altar, y allí observé una figura tallada que me llamó la atención, tenía un rótulo con el texto “Niño de Praga”, traté de encontrar a alguien allí cerca que me aclarase el origen y la historia de la estatuilla, pero no lo encontré. “Tendré que averiguarlo” pensé.

Pensé pero no actué, al menos no en el momento, hasta meses después, mientras recopilaba información para este escrito, y bueno, las casualidades: de Suyapa a Suyate, de Suyate a Brahe, y Brahe fallece en Praga. Era obligatorio investigarlo ya en este punto.

El Niño de Praga es una pequeña estatua de cera que representa a Jesús en su infancia, se dice que fue un regalo de bodas que la princesa Polixena recibió de su madre, en 1620 empieza a funcionar en esa región, la región conocida en ese entonces como Bohemia, un convento de la orden Carmelitas, se cuenta que la princesa decidió, en un acto de devoción, obsequiar la estatua al convento con el propósito de que fuese una fuente de inspiración ante tiempos difíciles.

Con el paso de los años la imagen fue logrando un sitial en el corazón de los creyentes, su devoción traspasó fronteras, y es así como se elaboraron muchas réplicas del Niño Jesús de Praga, evidentemente la que hay en Honduras en una réplica, la original se encuentra en Praga.

Personalmente captó mi interés la historia, pues se habla de una representación esculpida de una de las etapas en la vida de Jesús menos mencionadas en el Nuevo Testamento: su niñez, quizás por eso ha tenido un aprecio y estima particular en el corazón de los devotos.

Y así termino en Suyapa, allí comienzo y allí finalizo, de conexión en conexión, uniendo hebras, como las tiras de hojas de suyate, que se superponen y trenzan para crear un trabajo de artesanía, así también las palabras se entrecruzan para formar historias, las hojas de suyate son sencillas, las manos del artesano las convierten en algo más, las palabras también son sencillas, es en las historias donde se nos revela algo más.

Raúl Otoniel (10 de junio de 2013)

Suyapa y Suyapa, parte 2


El relato que se maneja sostiene que en 1747, la estatuilla de madera que representa a la Virgen María fue encontrada por dos campesinos retornando de su labor diaria, ellos vivían en la aldea de Suyapa, posteriormente surge la veneración y eso explicaría la popularidad del nombre, pero no explica el origen del mismo, pues la región de apenas unas pocas viviendas, ya se conocía como Suyapa.

Encontré varias explicaciones, la que más me gustó fue la del antropólogo Pastor Rodolfo Gómez, quien expone que para analizar la palabra Suyapa, es necesario descomponerla en dos vocablos previos o raíces, el primero es “Suya”, que tiene su origen en la lengua pipil (mayoritariamente asociada con el territorio salvadoreño), precisamente en la palabra “çoyatl” que significa palmera, esta palabra derivó en el sustantivo “suyate” que sirve para denominar un tipo de palmera (obsérvese que el símbolo “ç” conocido como cedilla, ya no se usa en castellano, sin embargo en su momento se pronunciaba con un sonido similar al de la letra z); el otro vocablo o raíz original es “apa”, que significa río, por tanto al unir las dos palabras se formaría un significado del tipo “Río de las Palmeras” o “Río del Suyate”. Y así  surge el nombre, y por supuesto la advocación mariana comienza posteriormente a ser conocida como Virgen de Suyapa, y también como Nuestra Señora de Suyapa.

El suyate, el suyate es una palmera, también es el nombre de una aldea que pertenece al municipio de Morocelí, municipio en el que nació mi papá, varias veces he transitado por esa aldea y siempre me inquietó su nombre, ahora comprendo que se debe a la presencia de ese tipo de palmeras, las hojas de esta planta tienen utilizaciones muy llamativas, pues se emplean en la fabricación de sombreros, escobas, petates y hasta techos de viviendas.

De acuerdo con La Guía de Estudio de Palmas de las Américas (Henderson, 1995), el suyate es una especie endémica de México y Centroamérica, aunque según investigué solamente en Honduras se le conoce como suyate, por cierto el nombre de la especie es Brahea dulcis, lleva ese nombre en honor al astrónomo danés Tycho Brahe.

Tycho Brahe nació en 1546, quizás por lo que más se le recuerda es porque en el año 1572 (época previa a la invención de los telescopios) descubrió en el cielo nocturno una Supernova, se le conoce como supernova a la explosión de una estrella, liberando en este proceso cantidades inimaginables de radiación y energía que la hacen destacar en el tapete luctuoso de la noche, dos cosas resaltan de esta observación del señor Brahe: la primera es que desafió el pensamiento dominante de su época nacido de una cosmovisión aritotélica, el cual sostenía que los cuerpos celestiales más allá de la luna y los planetas estaban fijos y no cambiaban de posición, Thycho desafió esa noción; la segunda cosa a destacar es que al año siguiente (1573) publicó un documento en el que utiliza por primera vez la palabra “nova” cuyo significado es “nuevo”, para referirse al evento estelar que observó, aunque años después se comprobaría que en realidad lo que presenció fue una supernova, pero Tycho no lo supo, falleció en el año de 1601, en la ciudad de Praga.

Praga, es la capital de la República Checa, y también esta ciudad me permite regresar al comienzo, a Suyapa.

Fin de parte 2

Raúl Otoniel (10 de junio de 2013)

Suyapa y Suyapa, parte 1


El nombre Suyapa. Hace unos meses iba de viaje con Orlando José y su esposa, la conversación era interesante, iba sobre riquezas y patrimonios nacionales, consideramos las formaciones de roca comunes en nuestros paisajes, que no son tan habituales en otros países centroamericanos, después, mientras nos adentrábamos más al sur del territorio nacional y ya se sentía el calor típico de esa región, Yenory nos brindó una exposición muy bien informada y detallada sobre el tema de los manglares y su función ecológica, yo iba observando los dos lados de la carretera decorados con esta vegetación, mientras la mirada se me perdía en la multitud de formas que pueden adoptar las ramas invadiendo el agua, tomé algunas fotos y continuamos hablando sobre elementos típicos del país, y allí surgió la observación de mi amigo acerca de los nombres propios de personas, y destacó uno en particular, sugiriendo que sospechaba que era utilizado solamente en Honduras, el nombre es Suyapa.

Me quedé con la inquietud e hice el compromiso de investigarlo. Al ver telenovelas o películas producidas en Latinoamérica, y creo que la mayoría las hemos visto en más de una ocasión, se puede observar que la mayor parte de los nombres de personajes en esas historias, son nombres que también escuchamos en nuestro entorno, es decir no nos parecen extraños, y no nos sorprende de repente ver a un personaje portar nuestro nombre.

Con la creciente influencia de los medios de comunicación estadounidenses, se ha operado un cambio en los nombres propios de las personas, cada vez son más comunes los de claro origen en la lengua inglesa, nombres como Jennifer, Stephany, Berenice, Byron, Allan, Katherine, Samantha, Scarleth, Wendy, entre otros.

Por alguna razón estos nombres prevalecen más en las mujeres, desconozco la causa, solamente se me ocurre que al ser nombres con tintes exóticos, debido a su origen foráneo y a las combinaciones inusuales de sonidos para nuestra lengua, se “siente” más apropiado otorgárselo a una mujer, en cambio con los hombres se utiliza un enfoque un tanto más conservador para asignarles un nombre, es una teoría.

El punto es: ¿Cuántas veces he conocido un personaje llamado Suyapa? Ya sea en telenovela o película mexicana, hice un rápido inventario mental y no recordé ningún personaje con ese nombre. Allí ya hay un indicio acerca de lo delimitado que está el mismo al área nacional, sin embargo no es suficiente, así que continúe la búsqueda de información.

Aparentemente todo empezó en una comunidad que pertenece a la capital de Honduras, Tegucigalpa. La comunidad en cuestión es la aldea de Suyapa, esta pequeña región tiene antiquísima historia, desde la época de la colonia española y muchos años antes de la declaración de independencia en Honduras.

Recientemente la aldea de Suyapa fue declarada patrimonio cultural de la nación por el Congreso Nacional, en la exposición de motivos se argumenta que existe una profunda tradición cristiana en la población hondureña, y que adicionalmente existe un considerable flujo de turismo al complejo de estructuras religiosas que alberga la aldea de Suyapa, existe una razón para el nivel alto de visitantes, y es que en este sitio se conserva la imagen de la Virgen de Suyapa.

Peregrinos de Honduras y de diversas regiones del mundo llegan a visitarla, principalmente el 3 de febrero, fecha asignada para celebrar esta advocación mariana, las advocaciones son las distintas formas de llamarle a la Virgen María, dependiendo del lugar o circunstancia histórica en que se haya dado una manifestación, la advocación también debe contar con el aval de la jerarquía católica.

Fue interesante para mí descubrir que la palabra “advocación” tiene su raíz en la misma palabra del latín que da origen a la palabra abogado: “advocatus”, en su versión original se refería a alguien que intercede o establece una petición a favor de alguien más.

Fin de parte 1

Raúl Otoniel (10 de junio de 2013)

Sentí los 39


El tiempo pasa, y yo me doy cuenta.

39 es un número agradable, el tres me recuerda las primeras posiciones en una competencia, generalmente los que obtienen reconocimiento, el nueve es un número cuyo símbolo gráfico me gusta asociar a alguien de pie, erguido, aunque con un ligero desbalance, sin llegar a caer. Además el nueve parece ser “consecuencia” del tres, ya que 3×3=9 (la tabla del 3 era de mis favoritas, no así la del 9 que entraba en la categoría mental de “semicomplicada”, la del 8 la clasifiqué como “complicada”), pero bien, aparte de las referencias aritméticas hay otras cosas que decir.

Estoy convencido de la importancia de disfrutar cada etapa que se vive, ninguna es necesariamente mejor que otra, la abrumadora carga de evidencia sugiere también que vamos en un proceso inevitable de envejecimiento, sin embargo también hay evidencia que sugiere que con los años se adquieren nuevas experiencias, eso es positivo, y puedo dar testimonio de ello.

Me considero feliz, hago evaluación de etapas en mi camino existencial y encuentro diferencias notables, se pueden notar las huellas del tiempo, a partir de allí identifico una tendencia, la de ir construyendo, lo que se va construyendo no sabría definirlo con un mejor término que madurez, y es una construcción pero a la vez es un descubrimiento.

Que me considere feliz no significa que no hay retos actuales y futuros, claro que sí, es la naturaleza de la experiencia vital, desafíos constantes, cambios constantes, sin embargo, entre ese fuego existencial he alcanzado serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar, y para luchar por aquellas que sí puedo cambiar.

Celebré, con familia y amigos compartimos momentos de comunión, recibí palabras, sonrisas y abrazos, que me llenan profundamente. Recibí también llamadas y mensajes por medios electrónicos (como Facebook), percibí afecto, interés, cariño, lo cual fue sumamente gratificante. Ahora estoy en la ruta hacia los 40, implica seguir evolucionando, otros descubrimientos y otras puertas que se abren, otras luces que se encienden.

Terminaré con una anécdota del día de mi cumpleaños, me sirvió para ilustrarme un poco acerca de algunos cambios, a veces no notamos los cambios internos hasta que un evento externo los expone.

Me retiraba del Espresso Americano en el Metro Mall de Tegucigalpa, subí las gradas y avanzaba por el pasillo que conduce al estacionamiento, delante mío iba una joven, de pantalones ajustados que hacían justicia a sus proporciones curvilíneas, pero lo que me llamó más la atención fue su blusa, vista desde la parte de atrás, desde la posición que otros caballeros y yo teníamos, se apreciaba que la misma solamente cubría una mitad vertical de su espalda, la otra mitad estaba descubierta, como si la blusa tuviese algún botón que uniese las dos mitades y este se hubiese desabrochado, dejando la mitad de tela suelta, pude observar que del lado derecho llevaba una enorme cartera, imaginé entonces que la cartera le había aprisionado la mitad faltante y que ella no se daba cuenta.

Era tal la exposición que se podía ver la tira horizontal del brassiere color negro apretando su piel y haciendo un atractivo contraste visual. Pude haber seguido mi camino atrás de ella, faltaban apenas unos cuantos pasos para llegar a la salida, y después se perdería en el mar de gente, y yo me hubiese quedado con una atractiva imagen mental, hubiese sido otro incidente insignificante en un día especial.

Pero no lo hice, decidí acelerar el paso, alcanzarla y hablarle, algo en mi interior se activó, como un sentido de solidaridad desinteresada (tampoco sabría cómo definirlo), y le dije, modulando la voz y quizás con cierta pena ajena: “joven, disculpe, fíjese que creo que con su cartera jaló la parte de atrás de su blusa y le quedó abierta por detrás”, ella me sonrió y me miró, plantó una mirada entre compasiva y simpática y me dijo: “no, no es eso, es que así es la blusa”, siguió sonriendo, yo sonreí y nos despedimos. Y allí, en ese momento, sentí los 39.

Raúl Otoniel (5 de junio de 2013)

Hombre de paz, parte 2


“Cuatrojos”, fue lo que un vendedor ambulante de accesorios para automóvil me gritó, molesto y hasta cierto punto ofendido, porque mientras yo esperaba en la fila a que el semáforo hiciera el cambio a verde, él se me acercó a la ventanilla del carro para ofrecerme sus productos, mi reacción inmediata fue gesticular indicando desinterés, cerrar el vidrio y activar el seguro de la puerta, ese “click” del seguro él lo escuchó y originó su reacción, pude escuchar que además del descalificativo sobre mis prótesis visuales (que de una forma u otra he escuchado desde la escuela primaria) dijo algo así como “¿Pensás que soy delincuente?”.

Lo que hice fue verlo, con una mirada desafiante, de mis dos ojos (no de cuatro, hago la aclaración espero que no tan necesaria), y proseguí mi ruta. Sin ánimo de defenderlo, diré que comprendo la sensación incómoda producto de que se asuma algo negativo sobre uno, especialmente si uno es inocente (encabrona). Sin ánimo de condenarlo diré que en el clima de tensión social que se vive, su estrategia comercial y de retroalimentación hacia el cliente potencial necesita serios ajustes (no se necesitan anteojos para ver ciertas realidades).

Quizás en otro momento de mi vida hubiese “soltado las amarras”, tomando una actitud más confrontativa, como para no dejar “que él ganara”.

Y ese punto quiero tocar, al hablar de “hombre de paz”, he enfatizado que es un acto de la voluntad, que implica conciencia y moderación. Pensé varias cosas en aquel momento, por ejemplo consideré la naturaleza de su trabajo, objetivamente, sin condescendencia, concluí que es de naturaleza ruda, expuesto al sol intenso y a veces a la lluvia, recibiendo sin duda en más de alguna ocasión el efecto de miradas de menosprecio, y encima de eso reducidas utilidades por venta enmedio de una crisis económica. Traté de ponerme en sus zapatos.

También consideré que aunque el insulto recibido fue inmerecido, pues al final de cuentas es mi carro, es mi ventanilla y es mi puerta y los puedo asegurar en el momento que quiera, no era lo correcto dejar que un incidente pequeño pasase a más, que en todo caso a mí me correspondía construir paz, internamente y después demostrarlo con mis actos, es allí cuando uno se da cuenta que no es sencillo, y también se da cuenta uno que en las “pequeñas” cosas yace la oportunidad de poner en práctica aquello que resultará en grandes cosas. Todos podemos construir paz.

Mientras observaba el diario con la noticia de la tregua promovida por el señor Emiliani, no pude evitar fijarme en la mirada de uno de los jóvenes mareros que el fotógrafo incluyó en su toma, fue ineludible para mí pensar que independientemente de la atrocidad que esa persona haya cometido, el mal ya estaba hecho, y que la venganza no iba a recuperar a un ser querido muerto a manos de delincuentes, quizás ofrezca una satisfacción personal temporal, pero no recuperó a nadie, esa vida se perdió para siempre del plano existencial en que vivimos, es irrecuperable. Matar 100 no revive a uno solo, se cumple el adagio de “ojo por ojo y todos acabamos ciegos”. Prefiero los “cuatro” que ahora tengo a no tener ninguno.

Lo que sí se puede recuperar mediante el esfuerzo de toda la sociedad es a algún joven, que sin orientación y rumbo decida lentamente buscar alternativas al margen de la ley, que más pronto que tarde lo lleven a cometer actos de horror que desafortunadamente ocupan portadas en los periódicos. Eso sí es recuperable, y cuando hay gente que hace esfuerzos encaminados en ese trayecto, yo lo celebró, y si es noticia de portada de diarios, con más razón.

Otra buena noticia es que no hace falta ser Monseñor Emiliani para construir paz, recientemente en un bulevar, y sin haber operativo de seguridad instalado, pude observar a un policía haciéndome señal de detenerme, tuve tiempo de frenar y verificar que él no tenía indumentaria de la Dirección de Tránsito, personal que usualmente se encarga de regular el tráfico, de mala gana me detuve preguntándome “¿Por qué me atrasa?”.

No había observado bien, en el otro lado del bulevar permanecía un grupo de mujeres y niños tratando de cruzar, por eso me detuvo, para que cruzaran sin riesgo, quizás esa acción no estaba especificada en su Manual del Puesto, pero sí estaba en su consciencia (esa es la fábrica de lo que somos), entendí que él también puede construir paz, y seguí mi camino.

Raúl Otoniel (30 de mayo de 2013)

Hombre de paz, parte 1


Hoy en el periódico leía una agradable noticia, resulta que mediante diálogos concertados por el obispo auxiliar de la diócesis de San Pedro Sula, Monseñor Rómulo Emiliani, se está llevando a cabo un acercamiento con grupos delincuenciales proscritos, comúnmente conocidos como maras, el propósito de la gestión es lograr acuerdos que reduzcan el nivel de confrontación que afecta a la sociedad en su conjunto, también se intenta encontrar vías para la reinserción en la sociedad de algunos elementos pertenecientes a estas organizaciones.

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados los hijos de Dios” dice un texto del Nuevo Testamento. Me gustan varias cosas del texto, una de ellas es que no considera la paz como algo ya preexistente, mas bien asume que es algo a alcanzar, no simplemente está allí, es necesario luchar para lograrlo, y eso me gusta porque nos ubica en una dimensión realista y objetiva: la paz no es pasividad.

Incluso, podemos ir más allá y decir que de una forma u otra todos y todas en determinado momento nos podemos considerar pacíficos, pero hay que entender esto, se puede desarrollar una actitud pacífica hasta por cobardía, o por comodidad. O sea que ser pacífico no me convierte automáticamente en un hombre o mujer de paz.

En momentos de mi vida he sido lo opuesto a pacífico, y en el impulso del enojo he llegado a la agresividad manifiesta, supongo que no es una condición particular mía, es parte de la condición humana que acepto y trato de orientar, pero lo que quiero destacar con este fragmento de experiencia personal es que la mayor parte del tiempo podría decir que tengo una actitud pacífica, pero no necesariamente he sido un hombre de paz, un hombre que construye paz. Quizás no estoy agrediendo a nadie, pero tampoco estoy construyendo paz.

“La paz no es la ausencia de la guerra”. Hay frases que al ser repetidas tantas veces terminan volviéndose de uso común, lo cual no es necesariamente malo, lo malo es que su sentido se vuelve superficial y desaparece desvaneciéndose en los vientos de la memoria colectiva. Intentaré rescatar de su aparente irrelevancia esta frase con la que inicié este párrafo, pues se ajusta al tono del escrito en general, las guerras (casi por cualquier cosa, hasta las más banales) son parte de la realidad humana, sin embargo sus efectos y consecuencias destructivas han sido disminuidos justamente por las personas que han decidido intervenir activamente tanto para evitarlas, como para crear condiciones que las prevengan, justamente esa es la esencia de la frase.

Yo sí le doy mi aprobación a la actuación de don Rómulo Emiliani, nacido en Panamá y que hoy trata de construir paz en Honduras, sí le doy crédito a él y a la institución que representa, institución que recibe muchas críticas, algunas infundadas, otras con respaldo, pero que en mi opinión, es una organización que cuenta con un perfil ideológico y humano para promover la paz.

Don Rómulo es un constructor de paz, volviendo al párrafo en que compartía mi experiencia personal con el tema, diré para ser justo conmigo mismo que en algunos momentos he sido constructor de paz, cuando he intervenido para conciliar, cuando he buscado acercamientos ante las diferencias.

Y la verdad deseo seguir siéndolo, deseo llegar a ser un hombre de paz. Don Rómulo nos da un ejemplo de lo que significa ser un hombre de paz.

Fin de la parte 1

Raúl Otoniel (29 de mayo de 2013)

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