Coincidencias


Con frecuencia alguna gente dice: “los males no vienen solos”; a veces somos muy astutos para identificar patrones negativos, es como que si el radar está ajustado para captar esas coincidencias desafortunadas; el fenómeno de “la mala racha”; no quiero decir que es imposible que eventos negativos sucedan de manera casi simultánea, sí es posible; pero estimo que es más un asunto de percepciones, entra en juego la manera en que calibramos nuestro sistema perceptivo.

Hoy pensaba en eso, debido a que una serie de eventos aparentemente inconexos formaron una red de situaciones que operaron a mi beneficio: sucede que un retraso de una persona mientras hacía un trámite administrativo y el encuentro casual con otra persona (plática incluida) a la salida de una estación radial me impidieron abordar un taxi que me iba a llevar a una reunión ya programada, sin embargo esos dos eventos junto a otros de menor calibre sumaron y me permitieron recibir una llamada informándome que mi carro ya estaba listo en el taller, sí, abordé un taxi pero ya con rumbo hacia el taller, igualmente pude llegar a la reunión pues afortunadamente se había movido el horario de la misma.

Mientras iba al volante, llegando a una intersección que me desviaría hacia el lugar de la reunión disminuí la velocidad de la marcha, el tráfico se intensificó y alguna gente en la acera cruzó la calle, comencé a pensar en esto de las casualidades afortunadas, mientras fijaba la mirada en una joven mujer que llevaba blusa negra y minifalda con estampado tigreado, ella iba por la acera, justo allí hice una nota mental: “deberías de escribir sobre las casualidades”.

Algunas horas después, bajaba las gradas de un centro comercial para ir por mi café de la noche, ya había decidido escribir sobre otro tema, pero de repente la casualidad arribó, subiendo las gradas eléctricas en dirección opuesta a mí, venía la mujer de minifalda con estampado tigreado, así que decidí que era justo y necesario escribir hoy sobre las casualidades, y celebrarlas, tanto las afortunadas y como las no tan afortunadas, pues no sabemos las posibilidades que yacen en el horizonte más allá de lo inmediato.

Por cierto, la mujer de minifalda con estampado tigreado subía las escaleras del brazo de un hombre.

Raúl Otoniel (21 de mayo de 2013)

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