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Cada alma tiene su historia


Entiendo por alma el aliento de vida que mora en el ser humano, y que nutre su existencia. Es la fragancia de la flor, y estamos en mayo el mes de la primavera, de las flores, por eso acudo a la licencia narrativa de introducir aquí a las flores, hay muchos tipos de flores, sin entrar en botánica puedo distinguir rosas, claveles, lirios, violetas y creo que hasta allí, (sí, claramente dije que no entraría en botánica, no soy experto en flores). El tema es que hay muchas.

Hace un mes, producto de una conversación filosófica sobre el tema del ser, una respetada amiga con quien interactuamos por Facebook y correo electrónico (ya que ella y su esposo viven en otro continente) me compartió un poema, el autor es un señor de apellido Kemp, y allí se hablaba de flores, una de las ideas era que cada flor tiene su aroma y su belleza particular, por tanto no tendría sentido que la violeta deseara ser la rosa, cada una tiene su alma.

Recientemente he comenzado a leer una obra llamada Historia de un Alma, es de carácter autobiográfico, la autora es una joven que vivió por 24 años, falleció a causa de tuberculosis en 1897, hoy leyendo su obra encontré un fragmento que me llamó la atención y me hizo recordar el poema que mencioné anteriormente, dice así: “…Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez… Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas…Eso mismo sucede en el mundo de las almas…”.

El título de mi escrito es Cada Alma Tiene su Historia, porque asumo que todos tenemos nuestra historia, y no hay historias irrelevantes, todas son importantes, todas son valiosas y todas plantean enseñanzas, en todas se genera un aroma único.

La autora del libro que estoy leyendo, la joven muchacha francesa se llamó Teresa, se le conoce como Teresa de Lisieux, fue beatificada posteriormente y lleva el título de Doctora de la Iglesia, pero no es su paquete de credenciales intelectuales lo que me atrae a ella, es el aroma que percibo de su forma de escribir, pues con lenguaje sencillo y penetrante va contando la historia de su vida, emanando una extraña mezcla de sabiduría y belleza.

En ese camino relatado se ilustra cómo los actos que a veces consideramos pequeños hacen grandes diferencias. Eso es exquisito.

Fue agradable haber encontrado este libro que con flores enseña sobre el valor de cada alma, que coincide con el poema recibido hace un mes, que coincide con el mes de las flores, mes en que casualmente hice un pequeño escrito sobre las coincidencias afortunadas.

Quizás demasiadas coincidencias, supongo que no es coincidencia que a Santa Teresa de Lisieux se le conozca también como La Pequeña Flor.

El jardín existencial es amplio, ninguna flor está de más, ninguna flor vale menos.

Raúl Otoniel (23 de mayo de 2013)

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