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Un Americano pequeño


Y a veces un Dedo de Queso, otras veces un Chocolate Caliente, y muy rara vez un Té Negro. Digamos que hay variedad en lo que consumo en el Espresso Americano del Metromall, hacia allí trazo mi ruta de letras esta noche.

Un lugar no es significativo por lo que allí se ofrece, si no que por el descubrimiento personal, es la experiencia humana la que ilumina los hechos y los matiza en escalas cromáticas y hasta musicales. Este rincón y su gente ha sido de especial valor para mí desde hace varios meses, quizás vine por casualidad pero me fui quedando por una extraña mezcla de intuición y decisión.

Al inicio fue un punto de encuentro para brindar asesorías académicas o responder preguntas sobre temas relacionados con el ámbito de la investigación, después una zona confortable para verme con amigas y amigos durante tardes y noches, encuentros al calor del café, pláticas con aroma penetrante.

Desde que fomenté el hábito de la lectura me ha gustado encontrar espacios para ejercerlo, usualmente sitios públicos como restaurantes o cafeterías, así que también trasladé a este nuevo espacio ese viejo hábito, con resultados muy positivos debo decir (terminé de leer el Ulises de Joyce; De Profundis, de Wilde; País de Nieve, de Kawabata; repasé Hojas de Hierba, de Whitman; y empecé El Tambor de Hojalata, de Grass).

Más allá de exploraciones sobre la ficción y el ensayo, he tenido la oportunidad de establecer relaciones de amistad con las muchachas que laboran en este rincón, Ilda, Karla, Gládiz, Melissa, Kimberly, Johanna, Marcela, Mirian y Ricci forman parte central de esta historia, nos hemos llegado a conocer, respetar y apreciar, y como decía la canción de un viejo programa de televisión: “a veces quieres ir a un lugar dónde la gente conozca tu nombre”,

En este caso no solamente soy Raúl, soy el Raúl con quién se hacen conversaciones sobre libros, sobre familia, sobre trabajo, sobre filosofía, me he encontrado compartiendo diversos temas de interés humano, y recientemente allí he redescubierto el gusto por escribir poesía, ellas saben de esta afición y en algunas ocasiones antes de publicarlas, las he compartido con algunas de ellas, quiénes me han dado aportes y a la vez estímulo, lo cual agradezco mucho.

Hay veces que no aparezco por días, quizás me encuentro explorando otros nortes, pero al regresar también regresa la familiaridad, el tiempo compartido y el espacio infinito que entre café y café se va construyendo. 

Raúl Otoniel (11 de abril de 2013)

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