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Solo sé que no sé nada


Son palabras famosas atribuidas a Sócrates, parecidas en esencia a las de un entrenador hondureño de fútbol, que ingresó al selecto club de creadores de frases memorables cuando dijo en un anuncio comercial: “nunca se sabe” (por cierto creo que hemos abusado de esa frase, y aclaro que además estoy en desacuerdo con el postulado central, ya que hay veces en las que sí se sabe), pero bien podemos en este punto decir que esa frase fue determinante para su exponente, y el resto es historia, (frase que tampoco me convence mucho, es decir, no solo el resto es historia, en realidad todo es historia, de una forma u otra), pero abandonaré las precisiones, que al final representan nada más un recurso anecdótico como parte de este escrito.

Sucede que ayer miércoles, una joven que estudia su secundaria y que es hija de una amiga, sabiendo que me llaman la atención los temas filosóficos y, aprovechando que como parte de su formación elemental está cursando la clase de Filosofía me preguntó acerca del significado de la frase que utilicé aquí como título.

Respiré con vigor, hice un movimiento lento de cabeza hacia un lado (no recuerdo qué lado), era parte de un ritual preparatorio, que me compró algo de tiempo para construir una respuesta. No compró suficiente tiempo, la pausa se extendió al punto que empecé a sentirme incómodo, me enteré para mi sorpresa que esa frase que yo tantas veces había escuchado y dicho, se había transformado en un recurso nada más, una muletilla, un escape discursivo sin sustancia.

Posiblemente era buen momento para simplemente decir: “mire aquí está la prueba de que la frase es cierta, no sé nada, y eso sí se nota ahora más que nunca”.

Sin embargo los ángeles de la inspiración descendieron (no los vi, pero quiero pensar que así fue, permítaseme esta licencia creativa), y empecé a hablar.

Inicié por el aspecto formal de la frase, la aparente contradicción y creo que elegantemente introduje al vocabulario de mi joven y atenta audiencia la palabra paradoja, algo así como aquello que es y a la vez no es, sí, aun para mí es complejo el tema. Así que inmediatamente salté a la esencia del asunto, o sea ¿Qué rayos quería decir Sócrates?

Se me ocurrió que quiso decir varias cosas. Por una parte, trataba de hacernos entender que aunque podemos estudiar y experimentar una gran diversidad de situaciones, y a partir de allí teorizar llegando a conclusiones que generalmente hacen la vida mejor, siempre habrá algo nuevo por aprender, y siempre estaremos limitados en nuestro conocimiento, a veces por la época en que vivimos, otras veces por la complejidad de un universo que empezamos a descubrir.

La anterior exposición sirvió para insertar una frase que yo he desarrollado (quizás he tomado prestada la idea o es una variante, pero hasta el momento la siento como propia): “sé que lo que sé es infinitamente menor a lo que no sé”.

Por otro lado pienso que Sócrates quería hacernos un llamado a la prudencia, a que no nos sintamos sabelotodos, si entramos en contexto histórico y asumimos que en verdad la frase la emitió Sócrates. imagino que ha de haber sorprendido a muchos, él era el modelo de inteligencia y sabiduría, quizás que alguien así dijese algo así, era más una forma de instruir no ya en términos conceptuales, si no que en términos actitudinales, fue una forma de expresar: “ustedes que creen que saben mucho, sepan también esto: quien aquí les habla, al que aun ustedes consideran superior en intelecto, este hombre de nombre Sócrates cuya sabiduría es respetada por todos, este hombre admirado por jóvenes y ancianos, este hombre considera que no sabe nada, por tanto, no se vanaglorien de lo que saben, pues ese orgullo se convertirá en obstáculo para seguir aprendiendo”.

Me gusta pensar que así fue, porque retomando la conversación con la joven, le expresé que para mí es importante mantener una actitud de búsqueda, no sentir que se sabe todo, pues cuando creemos que lo sabemos todo dejamos de aprender, y adicionalmente podemos tomar una pose de superioridad ante aquellos que consideramos que saben menos (consideración errónea, porque la experiencia enseña que podemos aprender de todas las personas).

No sé si mi respuesta aclaró las dudas de ella, ciertamente en mí sí hizo una diferencia, volví a considerar la naturaleza humana, mi naturaleza, con serenidad y calma.

Entendí otra vez que conversaciones en taxis, servilletas, pájaros, ideas entre el sueño y la vigilia, etcétera, son manifestaciones pedagógicas que como libros abiertos esperan por nuestra mirada curiosa y mente abierta.

Raúl Otoniel (16 de mayo de 2013)

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