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Servilletas


Detalle de la servilleta conmemorativa que me regalaron unos amigos en una reciente reunión, muchas gracias familias Farach-King y Cárcamo-Tinoco

Detalle de la servilleta conmemorativa que me regalaron unos amigos en una reciente reunión, muchas gracias Beatriz, Juan Carlos, Vanessa, Ana, Nasim y Adrián

Sí, esos recuadros de papel desechable con o sin decoración que se utilizan para limpieza antes, durante y después de consumir algún alimento.

Me gustan, y me agrada tener muchas a disposición, así puedo mudar mi plato para comer en cualquier parte de la casa, llevo mi arsenal de implementos de limpieza para un nuevo destino, a veces sobre una moldeable almohada, y si necesito cambiar de canal, mi aprovisionamiento de servilletas garantiza la pulcritud del control remoto, me agradan las servilletas.

Sí consumo mucho contenido picante, es posible que necesite limpiar mis vías respiratorias en determinado momento, nuevamente son útiles las beneméritas y sacrificadas servilletas. Caen como víctimas de batalla a un lado de los platos, dobladas sin orden aparente, pero sí con rastros de su faena, marcas de guerra.

Sin embargo este escrito/ relato/ divagaciones (razonablemente coherentes, asumo) se propone ilustrar otros empleos para las servilletas, uno de los que más he retomado en días recientes es el de garabatear en ellas, y mientras reflexionaba al respecto recordé algo (sí, otra memoria inundó mis caudales sinápticos): una servilleta contenía los nombres de los principales ganadores de los premios Oscar, la volví a ver desdoblándose en las blancas manos de una mujer que llegó a amarme, quien en una tarde en que nos encontramos compartío aquel detalle conmigo, pues no pude presenciar en televisión la ceremonia aludida, y ella sabía que me interesaba conocer los resultados, no recuerdo los ganadores, ni siquiera estoy seguro acerca del año (fue hace muchos), pero la memoria es caprichosa y nunca olvidé el gesto construido con lápiz, algo en qué escribir e intención, una mezcla poderosísima si me lo preguntan, se construyen cimientos resistentes a los huracanes del olvido.

Lo anterior es parte de mi experiencia pasiva con servilletas, en el campo activo de mi relación con ellas, tengo muchas más postales memorísticas, he garabateado, rayado rectángulos, triángulos, puntos y líneas, círculos y espirales; he escrito “te quiero” en más de alguna ocasión, he redactado poemas que se quedan sin entregar, he hecho sumas y restas que cuantifican billetes (los primos lejanos de las servilletas, también son papel, pero con aires importancia, y claro, ese primo lejano jamás soñaría desempeñar las labores de sus primas).

Mis garabatos: ¿Por qué garabateo en servilletas? Generalmente mientras tengo una plática estimulante, es como que si el garabato reafirma lo que estoy exponiendo verbalmente, es un equivalente en tinta a los giros mentales en que incurro para expresar una idea mientras hablo, pero otras veces guardo silencio, y escucho atentamente mientras mi mano guía el lápiz haciendo surcos de tinta sobre la superficie de la servilleta, al mismo tiempo maquino mi respuesta y convoco a los ángeles de la persuasión para que vengan a mi auxilio y una nueva palabra salga de mi boca, quizás es mi versión hondureña del relato ubicado en Palestina que cuenta cómo Jesús escribía en la tierra antes de responder palabras que aún resuenan hoy, y que fueron capaces de detener piedras y brazos dispuestos a matar. Las mías quizás no detengan piedras, pero aspiro a que sean un grano de arena en las playas del infinito.

Origami. En lo referente a toda la gama de actividades conocida como origami, es decir la disciplina artística que tiene que ver con la elaboración de figuras utilizando papel, debo decir que no he alcanzado desarrollos notables, pero una figura destaca en mi repertorio: el barco, sí, he hecho barcos con servilletas.

Quizás este sea el momento de cerrar esta publicación, con la idea del barco, una servilleta también es un barco, nos puede llevar por el océano del pensamiento, sin restricciones y sin naufragios.

Raúl Otoniel (27 de abril de 2013)

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