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Reconectar


Sí, porque hay veces que se cae la conexión.

Hoy disfruté de una mañana diferente, me encontré con dos parejas de amigos y sus respectivos bebés, lo especial fue que hacía muchos muchos meses no nos veíamos, ni compartíamos tiempo de calidad, y en esas condiciones nos reencontramos, la pareja anfitriona nos recibió con cordialidad y alegría, compartimos un desayuno ante una mesa llena de exquisitez, pero sobre todo familiaridad.

Hubo banda ancha, nodos y enlaces funcionaron, el wifi fue tan eficiente que no se interrumpió la señal en todos los canales utilizados: lo verbal, lo gestual, las miradas, etc. Es decir que hubo 3D real y sin distorsiones.

A veces, por diversas razones, nos desconectamos de las personas, debido a que trabajos, responsabilidades, y algunas actividades que entrarían en la categoría de distracciones, nos absorben al extremo de suspender la comunicación, y si dejamos pasar mucho tiempo se cortan los lazos, y hasta se borran las huellas que hemos dejado o que nos han dejado los demás.

Este relato / reflexión / prosa ensayística (ni siquiera sé si existe esa clasificación) busca tocar ese punto.

Me ha sucedido que mientras he estado en una relación sentimental con alguna novia, el resto del mundo pareció desaparecer, y me olvidé de amigos y amigas, sentía una sensación de plenitud tal que abandoné a las amistades que siempre estuvieron conmigo, en buenas y malas, pero al acabar mi relación entré en vértigo social, no sabía cómo reencontrar la familiaridad con aquellas personas a las que había olvidado. Con el tiempo he ido aprendiendo de esas experiencias.

En algunas ocasiones simplemente nos queremos volver ermitaños y sin reflexionar demasiado en el tema, asumimos que nadie es capaz de comprendernos y que por tanto lo más conveniente es extirparnos del círculo humano al que hemos pertenecido y con el que aún tenemos mucho en común, de más está decir (o quizás no) que es otra actitud poco provechosa, válida porque al final de cuentas es la voluntad del individuo, pero poco rentable en términos de equilibrio emocional.

Lo mejor de la experiencia de esta  mañana (aunque admito que los panqueques estaban muy buenos) fue descubrir que a pesar del tiempo transcurrido, cuando ha existido aprecio, se reconecta y se reconocen gradualmente los espacios compartidos previamente, y a su vez se apropian las nuevas realidades vigentes hoy en las vidas de las personas, es una celebración al cambio y a la necesidad de reconocer la naturaleza dinámica de la vida, que en sus matices y tonalidades no deja de sorprendernos.

El anfitrión nos contaba que está leyendo la biografía de Benjamin Franklin, un voluminoso libro en cuya portada pude observar una discreta imagen del distinguido político, científico e inventor estadounidense (entre sus muchos logros se cuenta el de explicar los procesos mediante los cuales funciona la electricidad). Incluyo este fragmento de recuerdo porque esta noche, mientras recorría una acera bajo la luz de lámparas de alta potencia luminosa, reflexionaba que la electricidad no es un invento (un buen amigo hoy también recordaba ese hecho), es un descubrimiento, es una fuerza poderosísima que está allí, disponible, pero que necesitó dedicación y esfuerzo por parte de muchas personas, incluyendo al señor Franklin, para llegar a convertirse en energía aprovechada por los humanos.

Quizás el tema de las relaciones humanas es similar, a lo mejor no hay que “inventar el agua caliente”, quizás se trata de descubrir la energía que está allí, a veces dormida en nosotros, esperando a que reconectemos y se encienda la chispa. Agradezco a mis amigos por brindar esa oportunidad.

Hay un libro que forma parte de la tradición religiosa judeocristiana, se llama Eclesiastés (viene justamente de la palabra griega Ekklesia, que quiere decir asamblea o congregación), no lo he estudiado a profundidad, pero hay elementos en el mismo que encuentro muy valiosos, una de las frases más reconocidas del texto en cuestión es la siguiente: “..hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol..”, yo agregaría que también hay tiempo para reconectar, y que no tengo que inventarlo, sencillamente descubrirlo.

Raúl Otoniel (28 de abril de 2013)

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