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Lincoln


Este sábado por la mañana, en la emisión de Cinema Radio, durante la sección La Neurona Cinéfila, hice en compañía de mis amigos en cabina, una reseña de esta película. Más allá de las actuaciones y la cinematografía, que son espectaculares, yo destaco que la historia pone de relieve la complejidad del quehacer político, muy pocas veces se tienen ejemplos tan dramáticos como referente histórico que sirvan para ilustrar la naturaleza cambiante y desafiante que permea la gestión política.

El presidente Lincoln utilizó todo su “inmenso poder” (así lo describía él) y lo puso en juego para lograr la aprobación de la décimo tercera enmienda, la que da por abolida la esclavitud. En un sistema compuesto por 3 ramas del poder, una orden o voluntad del Ejecutivo no basta, se debe negociar y hacer concesiones, a veces se debe manejar la información tácticamente limitándola, alterándola, o exagerándola (sí, éso suena a mentir, y en el fondo así es, no porque sea bueno, quizás porque fue lo necesario o funcional).

Vivimos en un mundo de realidades y no de idealismos, ningún gran salto en la dirección a emancipar la humanidad de cualquier forma de esclavitud y discriminación se ha dado sin que hombres y mujeres usen su capacidad política llegando a todos los extremos imaginables. Los políticos son personas que obedecen a su tiempo, algunos se adelantan en términos de visión histórica, pero siempre están allí para liderar los cambios que la sociedad demanda.

En Honduras existe un desencanto tremendo con la clase política, yo no comparto ese desencanto, que muchas veces lleva a algunas personas a desear que no existieran políticos en Honduras. Nuestro país tiene y ha tenido algunos políticos de altísimo nivel, que en su momento han marcado con su gestión la historia nacional.

A veces olvidamos que hasta el avance más pequeño en materia de políticas públicas viene condicionado por la cantidad extraordinaria de intereses que se involucran, allí radica la mayor dificultad para el político, en capitalizar de la mejor forma posible las oportunidades, minimizando las amenazas.

Es mi opinión que Honduras no necesita que la gente se decepcione de la política como actividad, es necesario que todos y todas en la medida de nuestras posibilidades e intereses participemos y dejemos de ver a la política como “aquella actividad que es tan sucia que no me quiero mezclar con ella”, es menester informar que todos y todas hacemos política de una forma u otra, y también debo informar que las actitudes y defectos que a veces criticamos en los políticos de turno, son reflejo muchas veces de conductas exhibidas por nosotros mismos en otros ámbitos.

Hoy necesitamos más y mejores políticos, Lincoln es un ejemplo de éso.

Raúl Otoniel (27 de abril de 2013)

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