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Fui su mejor amiga


Sí, inusual, pero extrañamente real, me refiero a esas situaciones en las que un representante del sexo masculino llega a desarrollar tanta cercanía con una persona del sexo femenino, que se pierden ciertas nociones relacionadas con género, supongo que en mi caso empezó al finalizar la adolescencia, porque me di cuenta que las pláticas extensas por horas y horas sobre carros y futbol no me entretenían tanto, me terminaban aburriendo, y el otro tópico de conversación entre hombres, es decir las mujeres, sí me gustaba pero me desanimaba tanta teoría si al final de cuentas había tenido en mi historial apenas algunas experiencias, por lo que no tenía tanto que contar, o simplemente no quería contar porque quizás la experiencia era muy significativa para mí, y por otra parte, seamos honestos, los hombres a veces aumentamos las cosas, así que asumía que mucho de lo que escuchaba eran exageraciones para incrementar la credibilidad de quién las emitía.

Por lo que desprovisto de interés marcado por esos tres temas predominantes entre los hombres de mi edad, empecé a acercarme a algunas mujeres, descubrí otras pláticas, otros modos, otros mundos, otros anhelos y deseos, encontré temas, algunos me aburrían debo admitirlo, pero era una variante.

También durante esos días, profundicé mis acercamientos al mundo del arte, la música clásica fue entrando en mi repertorio de opciones para escuchar, la literatura en las formas de ficción y no ficción, anunciando lo que posteriormente sería un gusto por lo poético, fueron calando en mí, pienso que éso ayudó a desarrollar cierta sensibilidad estética y estilística que se tradujo en capacidad de empatía con el sexo opuesto, podía verlas en diferentes dimensiones igual que como se aprecia un trabajo artístico, los diversos planos se vuelven evidentes para Raúl a partir de allí.

Con el paso de los años fui puliendo ese talento, que digamos ha sido útil en algún momento que he entrado en una relación sentimental con una mujer, al menos puedo encontrar más temas de conversación; no me desespero mientras la acompaño a comprar ropa y zapatos; no sufro mientras la espero cuando le hacen el pedicure; logro ser más objetivo acerca de las percepciones que tiene sobre sus amigas; entre otras cosas, es decir que sí ofrece alguna ventaja para las relaciones el tener empatía con ellas.

Ahora bien, no todo es color de rosa (sí, referencia intencional ya que estamos hablando de mujeres y hasta de estereotipos), en años recientes, y particularmente en los períodos en que no he formado parte de alguna relación sentimental he empezado a analizar algunos aspectos de esta condición o particularidad.

Por ejemplo, en algunos momentos, la cercanía llega a ser tanta que hay conversaciones que se vuelven íntimas, no en un sentido de pareja (aunque a veces implican pláticas sobre sexo), me refiero a que se me han contado cosas muy personales, que por lo general se las cuentan a sus mejores amigas, eso en sí no es necesariamente malo, excepto cuando es malo, y es malo cuando por una razón u otra el acercamiento ha dado lugar a que me interese sexualmente o sentimentalmente esa persona.

En ese caso la situación es incómoda, porque he entrado en la esfera de sus pensamientos no como una entidad masculina que es una pareja potencial, si no que como alguien con quien tiene mucha confianza, casi como la que le tiene a su mejor amiga, y bueno, ella no va a besar a su mejor amiga (y las que tienen esa preferencia perfectamente legítima, pues simplemente no me van a buscar a mí para hacerlo).

Así que entre experiencia y experiencia he ido encontrando el balance, ser amigo, poder escuchar cuando corresponda pero no excederse y no perder la perspectiva. También con la madurez descubrí que entre hombres podemos hablar de otras cosas aparte de las tres mencionadas al inicio, podemos discutir sobre filosofía, sobre política, sobre historia, sobre cine, sobre televisión, etc, así que no es un entorno realmente árido, es un descubrimiento que requiere también sensibilidad, porque aunque nos digan que somos toscos, también hay complejidad en nosotros.

Para redondear el tema contaré que el otro día, una amiga me pidió que le aplicara un tinte para su cabello, sí, así es, “qué triste tu caso Raúl”, pensé, (y no, no se lo apliqué, ni siquiera sabría cómo empezar), pero sirve para ilustrar lo que estoy exponiendo, de hecho, ella lo solicitó con mucha naturalidad, y afortunadamente no me sentí ofendido ni desprovisto de mi masculinidad.

Y con todo y esa trabajada empatía que he logrado con el sexo femenino, admito, como otros hombres lo han hecho antes que yo (y asumo que lo seguirán haciendo), que sigo sin saber qué rayos quieren las mujeres, saludos mujeres se les quiere mucho, aunque no se les termine de entender 🙂

Raúl Otoniel (19 de abril de 2013)

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