Inicio > Mis escritos, Personales > Escuché los pájaros

Escuché los pájaros


Y no, no de los que escucha un presidente latinoamericano, no soy experto pero creo que éso se llama alucinación.

Hablo del sonido de pájaros reales, de los que se acercan a los árboles y de vez en cuando aterrizan sobre nuestros patios, buscando algo qué comer. Fue por la mañana, después de que recibí la visita inesperada de los Testigos de Jehová, en un interesante intercambio de ideas traté de convencerlos (sí, imagínese usted, yo tratando de convencerlos) de que en realidad no vivimos tiempos de apocalipsis, y que la situación de hambruna, pestes y guerras de hecho ha estado mucho peor en otros momentos de la historia, y que más bien en términos globales hemos hecho avances tan espléndidos que personalmente no deseo vivir en otra época anterior (en todo caso sería interesante vivir en una época futura).

Después de esa conversación y cuando pude ver a las dos señoras seguir su camino bajo un inmenso sol, comencé a notar el sonido de las aves, me llamó la atención que eran más de las nueve de la mañana, por lo general he asociado el sonido de los pájaros con las primeras horas de la madrugada, aparentemente continúan su faena (cualquiera que sea, tampoco es que soy fan de las aves) durante toda la mañana.

Escoba en mano (sí, me puse a barrer, hacía falta), comencé a recordar y un pensamiento invadió mi esfera cognitiva, recordé una madrugada hace algunos años, mientras me despedía de una amiga frente a su casa, habíamos pasado platicando, nos habíamos reído y pudimos encontrar un espacio común de aprecio, casi amanecía, pero era mayor la oscuridad, pude ver sus ojos, preciosos ojos, siempre le manifesté que me encantaban, mientras alrededor nuestro los pájaros anunciaban su presencia, ambos comentamos lo bonito que se sentía escucharlos en ese momento.

No tuve valor de robarle un beso, y nunca se presentó otra oportunidad similar. Me despedí y emprendí mi camino convencido de que la noche era menos inmensa. Tiempo después la existencia siguió su curso, nuevos nombres y nuevos ojos llegaron a nuestras vidas, nuevos sonidos, y nuevos amaneceres.

Personalmente tuve que poner una lápida a ese recuerdo, no por pesar o tristeza (es un bonito recuerdo), pero sí por objetividad, hay cosas que se experimentan, y después se cierran como capítulos de libro, la lápida que puse es pesada, casi como una represa, quizás pienso en las represas porque administran caudales, y los caudales emocionales hay que administrarlos adecuadamente, para que ni desborde el río, ni se seque la fuente, ni se desperdicie energía.

Terminé de barrer, pensé en algo adicional, mientras barría tuve que remover sillas y otros objetos, a veces hay que remover cosas, para limpiar la casa y que entre la luz. “Mirad las aves del cielo…” dijo sabiamente alguien hace mucho tiempo, bueno yo las veo, y a veces las escucho.

Raúl Otoniel (24 de abril de 2013)

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: