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Dios Preserva a tu Pueblo, y cañones de 105 mm.


El 7 de mayo se celebró el nacimiento de Pyotr Tchaikovsky, el compositor ruso es recordado por muchas piezas musicales, un genio del siglo 19, sin embargo su entrada en la cultura popular ha sido más estruendosa que los ballets cargados de sensibilidad y delicadeza por los que también es famoso.

La Overtura 1812 es una obra compuesta en 1880 para conmemorar el año en que las tropas de Napoleón Bonaparte fueron derrotadas en territorio ruso. El compositor quiso añadir elementos épicos y bélicos que contribuyesen al impacto de la obra en cuestión, así que aparte de una imponente y sobrecogedora introducción coral conocida como “Dios Preserva a tu Pueblo”, título inspirado en un salmo del Antiguo Testamento, también decidió que se utilizara un instrumento conocido como carillón, que en términos sencillos es un conjunto de campanas unidas de tal manera que pueden ejecutarse simultáneamente generando armonía, motivo muy apropiado ya que la composición se estrenó en 1882 a propósito de la inauguración de la Catedral de Cristo el Salvador, localizada en Moscú.

Adicionalmente y siguiendo con los golpes de originalidad, el autor decidió incluír sonidos reales de cañonazos, 16 para ser exactos, que se escuchan en el cierre avasallador de la obra. Obviamente esto plantea algunas dificultades para las orquestas, en algunos casos tienen que introducir el sonido mediante pistas grabadas, la versión que comparto hoy es una en la que sí se escuchan cañones reales.

Por lo general la ejecución al aire libre es recomendada, si es acompañada de un pelotón de artillería del ejército que a una distancia prudencial se encarga de manejar las armas.

Sí, me emociono mientras la escucho, pocas piezas musicales tienen ese efecto, el efecto de despertar lo sublime, de enlazar con la esencia universal.

Más me emociono mientras pienso que la maquinaria que se usa para ir a la guerra sirve también para ejecutar un tributo a la libertad, porque prefiero pensar que esta obra no es una apología de la guerra, prefiero pensar que en todo caso, es una celebración de la única razón por la que se entiende que se libre una guerra, la defensa de la libertad.

Sí, alguna lágrima se me cuela mientras escucho los cañones, no es miedo, es gozo por la victoria de lo sublime ante lo grotesco, el amor que supera el horror, la fuerza interior que derrumba cualquier prisión.

Raúl Otoniel (8 de mayo de 2013)

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