Es 1992, otra vez


Es 1992 otra vez, tenía 18, hoy tengo 38, apenas 20 han transcurrido, mucha agua ha jalado la corriente en veinte años. El otro día pasé enfrente del Instituto Guillén Zelaya, y una cascada de memorias vino: la fila ante el portón en la mañana, el uniforme amarillo con café, mi contextura delgada desprovista de excesos abdominales, el punto de taxis colectivos, un bus de ruta urbana que tomé más de alguna vez porque los colectivos estaban llenos, las caminadas por la peatonal bajo el sol intenso del mediodía, para buscar almuerzo o simplemente para hacer tiempo, el Trabajo Educativo Social los sábados, reforestando el anexo de la institución en la colonia El Pedregal (a veces llegaba a tiempo a casa para terminar de ver el programa Nubeluz, que era principalmente para niños, pero me encantaban las piernas de las presentadoras, en atuendos sugerentes y provocativos), mi cumpleaños 18, mi licencia de conducir y mi primer carro (nada lujoso, pero funcional y que agradecí mucho), la estudiante de intercambio que venía de Suiza y que me llamó la atención, quizás porque también yo me sentía extranjero en un mundo que apenas empezaba a comprender, la clase de Educación Física aprendiendo natación en las piscinas de La Isla (sí, eran razonablemente limpias y con exceso de cloro me sentía confortablemente seguro), por obligación leí La Metamorfosis, de Franz Kafka, y descubrí que mi relación con los libros no iba a ser una relación pasajera, descubrí que había un potencial tremendo para que surgiera entre las palabras escritas y yo un romance duradero y significativo, al ritmo de Metallica y Guns n Roses podía pasar horas en semitrance, del que regresaba porque había que ver la novela de las 5 de la tarde (sí, en algún momento vi telenovelas), y el cuento sigue y las memorias también, el río fluye y hay más por descubrir.

Si escribo del pasado no es por nostalgia, es porque aún me siento joven, y parte de lo que soy tiene su origen en lo que fui. Hoy tengo 38, y recuerdo los 18, y me doy cuenta que hay mucho de ese joven en mí, hoy estoy listo para escribir nuevos capítulos en mi historia.

Raúl Otoniel (18 de marzo de 2013)

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