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Adiós Comandante, y otra palabra que inicia con C


Don Hugo Chávez dejó de existir, escribir sobre alguien a quien no se conoce me parece poco sabio, pero nunca dije que yo fuera sabio, así que me tomaré esta libertad.

Desafortunadamente a ciertas figuras públicas les conocemos de oídas, y por lo que medios de comunicación dicen acerca de ellas, es con lo que contamos, y es muy preferible a nada. No he estudiado a profundidad la historia del responsable de que lo que antes se conocía como Venezuela, ahora se llame República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo he seguido algunos de los detalles de su carrera como figura política.

Era un animal político en el mejor sentido de la expresión (el sentido aristotélico), con una formación extensa e intensiva, quizás una de las personas mejor formadas profesionalmente en su país, sobre ésto quiero hacer una reflexión: estoy hablando de la formación militar, él fue un militar destacado, y algo que he aprendido mediante la interacción con algunas personas en Honduras y observando el desarrollo de los acontecimientos en mi país, es que las Fuerzas Armadas cuentan con algunos de los elementos más inteligentes, preparados y calificados de Honduras, de allí su influencia siempre en diversos ámbitos de decisiones, no es por tanto casualidad que don Hugo Chávez aprovechase al máximo la oportunidad de formarse y crecer en liderazgo mediante la institución armada.

Sobre el liderazgo: si hay algo que el accionar público del señor Chávez a mí me deja como ejemplarizante, es su pasión, pasión inspiradora, pasión por luchar siempre, aun ante adversarios muy poderosos. Pero la pasión de lucha creo que se queda corta si no se toma en cuenta su pasión por la vida, que siempre percibí, lo comunicaba, yo notaba que disfrutaba lo qué hacía, inclusive sus extensos discursos (nadie habla tanto si no lo disfruta), yo soy amante de la oratoria, y aunque no me gustaba su estilo discursivo, apreciaba el hecho de que él lo saboreara tanto.

Esa pasión por vivir al máximo es un ejemplo valioso. No me identifiqué con sus propuestas políticas, aunque debo decir que tampoco considero que el hombre haya sido “el Diablo” o algo equivalente (tampoco pienso que George Bush sea “el Diablo”, que fue el apelativo con el que el señor Chavez desde el foro de Naciones Unidas calificó al ex presidente estadounidense, en un giro con ribetes jocosos y mediáticos que hicieron noticia mundial), creo que el Socialismo del Siglo XXI no es sinónimo de maldad, es una forma de hacer política, y seguramente hay aciertos dentro de esa plataforma; con o sin Chávez, los aciertos deben aprovecharse, y los desaciertos corregirse.

Yo veo un futuro positivo para Venezuela, creo que hay liderazgo interno, quizás no con el nivel de carisma que ostentaba el Comandante Chávez, pero sí con sentido histórico, visión y capacidad gerencial.

La otra C a la que hacía alusión en la introducción, es la que ha sido látigo de la humanidad, y que vuelve a ser noticia debido a la penosa situación que vivió en sus últimos meses don Hugo Chávez, me refiero obviamente al cáncer. No soy médico, ni experto en el tema, pero soy humano que entiende la importancia de que la sociedad siga enfrentando todas las enfermedades y padecimientos, sé (y soy un optimista convencido en este sentido) que la especie humana ha avanzado muchísimo en la batalla contra las enfermedades, sé que hay personas y organizaciones cuya prioridad es la prevención en materia de salud, y cada logro en ese camino me hace sentir más orgulloso de mi especie.

Desafortunadamente cada cierto tiempo, nos volvemos a dar cuenta de la fragilidad de nuestra condición, por eso me parece apropiado unir mi voz, y en la medida de mis posibilidades mi apoyo a los esfuerzos que se hagan para derrotar el cáncer. En la educación está la respuesta, siempre digo que no hay varitas mágicas ni pócimas milagrosas, lo que hay son procesos, siguiendo ese razonamiento expreso que es necesario apoyar la investigación científica, invertir en tecnología, y ampliar las fronteras del conocimiento y la información. Ésa es la mejor revolución que se puede hacer: la revolución del conocimiento y la cultura.

Raúl Otoniel (6 de marzo de 2013, mientras contemplo con optimismo el esplendoroso baño de luz que el sol vespertino deja caer sobre Tegucigalpa)

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