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Caminando por Tegucigalpa


Recorriendo Tegucigalpa hoy por la tarde: sentí el sol vespertino abrir las calles, sembrar la semilla de optimismo sobre el pavimento, y resurgir después de la lluvia intermitente. Mientras caminaba olores e imágenes se cruzaban “hoy promoción corte, lavado y secado a 150 Lps.” escrito con marcador negro sobre cartulina verde pegada en una pared con pintura deteriorada; dos mujeres conversando sobre el apoyo moral que una recibía de alguien sin nombre sobre un tema sin nombre; pasos que se entrecruzan con los míos, acelerados, cansados, multicoloridos por sus zapatos en formas y diseños diferentes; subo una pendiente y hace calor, caminar tiene ese efecto, desafiar la gravedad tiene sus consecuencias; la ciudad suena, y sueña despierta, buses y taxis avanzan y se detienen (si tan solo el tráfico pudiese regularse, las arterias de la ciudad parecerían menos un sistema circulatorio a punto de colapsar por falta de oxígeno); un museo cerrado me indica que realmente ya es tarde, que pronto la noche caerá, que la hora pico se acerca y el hombre que camina debe retornar; acelero el paso, “vote por Karla” dice un afiche, es tiempo de elecciones, la capital se pinta de colores políticos, la peatonal y sus panaderías llenas, los humanos en busca del pan de vida, mientras un predicador con entusiasmo anuncia otro pan de vida; me encuentro a dos personas conocidas, y saludo con la mirada, Tegucigalpa es tan pequeña y sus posibilidades tan grandes.

Observo una edificación, recuerdo a un excolega que falleció y que vivía en un edificio similar, con fachada que posee rasgos coloniales mientras abajo, en la acera alguien me pide un lempira, que amablemente me niego a dar mientras cambio de dirección; los escaparates anuncian navidad, pequeñas boutiques con “estrenos” usados se llenan y ofrecen “hoy todo a 30 Lempiras”; El alumbrado público ya se encendió, pero callejones sin luz y aceras con obstáculos se disputan el derecho de hacerme caer, “hay que estar alerta”, pienso, mientras reflexiono sobre lo importante que es la visión.

El camino sigue, la ciudad no duerme, no perdona, no se esconde, simplemente se disfraza y se transforma en una jungla nocturna. La ciudad nos sobrevivirá a todos, mientras soñamos ella resucita.

Raúl Otoniel (noche del 12 de noviembre de 2012, noche en que la luna se ha escondido detrás de nubes devoradoras de astros y que presagian lluvias de sueños nacidos en un atardecer caminando por Tegucigalpa)

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