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Homenaje a Carl Sagan


Generalmente pienso que los homenajes y reconocimientos se deben hacer mientras las personas estén vivas, he comprendido que decir “te quiero” o reconocer lo valioso de las personas tiene sentido mientras ellas están allí con nosotros.

No niego que las palabras de despedida en los funerales y las manifestaciones de pesar publicadas en los periódicos (cuando la persona que ha fallecido es famosa) pueden tener su parte de alivio en el proceso de aceptación de la pérdida, es humano.

Entonces, ¿Por qué esta página?

Bueno, Carl Sagan falleción en 1996, y la verdad aunque recuerdo que me enteré de la noticia, esta no tuvo mayor impacto, creo que me sorprendió por lo temprano e inesperado ya que tenía apenas 62 años.

Pero…¿Quién rayos era Carl Sagan?

Fue un astrónomo, físico, autor de numerosos libros, un científico en el sentido más amplio de la palabra y en su faceta más recordada un divulgador del conocimiento para el “hombre de a pie” (como diría otro gran divulgador Eduard Punset), Sagan fue sobre todo un comunicador, extraordinario desde mi parecer.

Crecí en los años 80 s, digamos que buena parte de mi niñez era ver televisión, sin embargo no solo caricaturas me gustaban, junto a las películas de vaqueros dejaba algún espacio para programas que estimulaban mi búsqueda por comprender lo que nos rodea, búsqueda que ya lleva algunos años con resultados mixtos. A inicio de esa década se comenzó a transmitir un programa llamado Cosmos, patrocinado por una empresa llamada Rivera y Compañía o Corporación RYCO, el planteamiento del programa me parecía interesante y llamativo, pues el tema de los viajes espaciales y la vida extraterrestre inundaba mi mente de niño. De inmediato me identifiqué con el presentador del programa, es decir me “cayó bien” y aunque desafortunadamente no entendía mucho de lo que decía (no era un niño genio ni nada que se le parezca) insistía en verlo, sabía que estaba hablando de cosas importantes y que era probable que en algún momento entendiese algo, además era pocos los ratos en que salía a la calle a jugar con amigos, así que me retraía a ver la televisión.

Las imágenes, animaciones y música del programa impactaron mi pensamiento, Carl Sagan produjo y presentó Cosmos en 1980, fueron 13 episodios y entiendo que la serie ganó muchos premios y reconocimientos.

El niño creció y aunque tuve una pequeña experiencia en un colegio católico (apenas un año) mi mente experimentó un rechazo considerable a la religión, no fue una etapa particularmente agradable. Pero bien, la vida siguió y en mis veintes ingresé a las filas de desencantados con la tradición religiosa católica y me volqué al protestantismo más o menos fundamentalista, encontré cosas buenas, buenos amigos, gente inteligente y algunas enseñanzas sobre los textos considerados sagrados en mi región del mundo: Antiguo y Nuevo Testamento.

Superé esa etapa y posteriormente inicié un proceso de búsqueda existencial que me permitió incluir en mi cosmovisión el aprecio por las leyes de la naturaleza, las mismas que de acuerdo con Sagan eran las que gobernaban los designios de la vida.

Lamento no haber leído todavía las obras literarias de Sagan, apenas hice una descarga pirata de la colección de sus libros en pdf, y comencé a leer “El cerebro de Broca”, por tanto no soy un conocedor de su obra, apenas vistazos. Su programa Cosmos despertó en mí un interés por la ciencia, hasta pensé que quería ser astrónomo o astronauta, después comprendí que se necesita un cerebro con fuerte inclinación para la matemática, algo que no poseo.

Estudié Comunicación, nada matemático al respecto, sin embargo, he desarrollado una profunda admiración por el trabajo de divulgación científica, y he tenido la fortuna de realizar labor docente a nivel universitario, así como participar en proyectos de elaboración de materiales educativos en diversas áreas, todo eso me ha hecho valorar aun más ese intercambio de conocimiento.

Recientemente he encontrado en Youtube los videos de las emisiones del programa Cosmos, ha sido todo un viaje, recordar momentos de mi infancia y por fin entender con mayor claridad el contenido del programa. Como todo documental que ilustra sobre la naturaleza de nuestro universo, Cosmos descansa en gran medida en representaciones, recreaciones y efectos especiales, claramente un programa hecho en 1980 se vuelve “desactualizado” al menos en términos de capacidad de representación mediante efectos, en comparación con los modernos documentales como “El universo” que transmite en Honduras el History Channel. Sin embargo la esencia continúa allí, la intencionalidad comunicacional sigue vigente y el legado audiovisual del señor Sagan aún puede impactar, tanto a mentes jóvenes como a mentes adultas.

Esa búsqueda de respuestas que orientó y motivó su trabajo es inspiradora, vivimos en una era cínica, fría y donde todo pasa muy rápido. Tener el tiempo para relajadamente observar de nuevo esos programas ha sido alentador, por no decir revelador. Creo que hay mucha nobleza en alguien como Sagan que dedicó su vida a promover el conocimiento, su presencia física era llamativa, se veía en muy buena condición, le “gustaba” a la cámara y a él las cámaras lo hicieron una celebridad. Como dice otro gran pensador moderno Richard Dawkins y parafraseo: Sagan era la persona indicada para ser el embajador de la tierra ante cualquier mundo extraterrestre.

Entre sus muchos artículos y entrevistas encontré recientemente uno que me gustó mucho, transcribo una parte del mismo, fue su último artículo a la revista Parade, lo escribió un par de meses antes de su muerte por una penosa enfermedad, me cautivó por su firmeza y valor, pero fundamentalmente por esa actitud de hombre de ciencia.

Cuatro veces hasta hoy he mirado a la Muerte a la cara. Y cuatro veces la Muerte ha retirado su mirada y me ha dejado pasar. En cualquier caso, por supuesto, la Muerte de reclamara -tal como hace con todos nosotros. Es sólo una cuestión de cuando y como. He aprendido mucho sobre nuestros encuentros -especialmente sobre la belleza y dulce patetismo de la vida, sobre el valor inapreciable de amigos y familia, sobre el poder de transformación del amor. De hecho, morir es casi positivo, una experiencia que fortalece a la persona y que yo recomendaría a todo el mundo -excepto, por supuesto, por el elemento inevitable de riesgo.

Me encantaría creer que cuando muera viviré de nuevo, que alguna parte de mis pensamientos, sentimientos o recuerdos continuarán. Pero a pesar de lo que me gustaría creerlo, y de las antiguas tradiciones culturales a lo largo de todo el mundo que aseguran la vida tras la vida, no sé de nada que me sugiera que esto es algo más que una forma de pensar optimista.

Quiero envejecer con mi mujer, Annie, la cual adoro. Quiero ver a mis jóvenes hijos crecer y quiero jugar un papel en su desarrollo personal e intelectual. Quiero conocer a mis nietos aun no concebidos. Hay problemas científicos, de cuyos descubrimientos querría ser testigo -como la exploración de muchos de los mundos de nuestro sistema solar y la búsqueda de vida exterior. Quiero aprender cómo funcionan las mayores cuestiones en la historia de la humanidad, preocupantes o esperanzadoras: los peligros y promesas de la tecnología; la emancipación de la mujer; el crecimiento y ascendencia económica y tecnológica de China; los vuelos interestelares.

Si hubiera vida tras la muerte, no importaría morir, satisfaría la mayoría de esas profundas curiosidades. Pero si la muerte no es más que el fin, el sueño sin sueños, esto no sería más que un desesperado anhelo. Quizás esta perspectiva me de una pequeña motivación extra para permanecer vivo.

El mundo es tan exquisito, con tanto amor, que no hay razón para engañarnos con bonitas historias para las cuales hay bien pocas evidencias. Es mucho mejor, me parece a mi, que en nuestra vulnerabilidad, miremos a la Muerte a la cara y seamos agradecidos cada día por la breve pero magnífica oportunidad que la vida nos ofrece

El artículo se llama “En el valle de las sombras”

Sagan, no puede leer este homenaje, él ya no existe, al menos no en este plano existencial que conocemos, entonces si lo escribo es para los que existimos todavía, porque si bien esta vida cesa al finalizar las funciones cerebrales, la obra de la vida continua, se conoce como legado, es mejor pensar que podemos hacer cosas positivas y hacer llegar lo que sea que tengamos, arte, ciencia, amor o fortaleza más allá en el tiempo.

Somos el Cosmos, y hay un microcosmos en nosotros, estamos hechos de material estelar. Esa idea al calor del amor de familia y amigos me ha enriquecido, tanto en los momentos difíciles y también en los momentos alegres. He aprendido a valorar la vida por lo que es, ese breve instante. Lo mejor es disfrutar el viaje, viaje por el cosmos.

Marzo de 2010 y editado en junio de 2013

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