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Club Rotaract de Tegucigalpa


2003, 2004 y 2005, llegó Rotaract a mi vida y mi vida cambió. Estos días he recordado, porque recordar es bueno, especialmente los buenos momentos y los que nos han dejado marcas imborrables en la memoria. Ya cerca de los 30 años llegué a esta organización de jóvenes, invitado por una buena amiga, Daysi Osorio.

Nunca fui un hombre de demasiados amigos, pero allí encontré más de lo que me imaginaba, gente inteligente, joven, pero sobre todo con mucho sentido de propósito en sus vidas, dispuestas a compartir y ayudar a la sociedad y mediante ese servicio crecer como líderes. Me involucré en todo lo que pude y con un poco más de un año de ser miembro, me concedieron el inmenso honor de ser Presidente.

Mis zapatos caminaron por asilos de ancianos, albergues para niños huérfanos, salas de hospitales, escuelas deterioradas que necesitaban apoyo, centros para mujeres en riesgo social, y cualquier lugar donde nuestra ayuda fuese necesitada. Aprendí el valor que posee la sonrisa de un niño agradecido porque has compartido un pastel y una piñata con él; aprendí también que podemos cambiar la vida de las personas involucrándonos y dejar la sociedad un poco mejor que como la encontramos. Pero sobre todo aprendí a valorar a las personas que tuve la dicha de conocer en ese período, algunos y algunas siguen siendo mis amigos y amigas y me alegra saber que con inspiración y voluntad fui parte de este movimiento, cuya filosofía es “Dar de sí, antes de pensar en sí”.

Hoy recordé, y escribo esto como parte de esas reflexiones que suelo plasmar por aquí, pero también con un sentido proselitista, no por un candidato político o por una organización religiosa, lo hago con sentido proselitista de una idea, mejor dicho un ideal, el del servicio, y espero que si alguien siente que este puede ser un medio para generar un mayor propósito a su vida, lo busque, puede ser en Rotaract o en otra organización, lo que sí puedo afirmar con certeza es que a mí me cambió la vida, y siempre lo recordaré con una sonrisa 🙂

Raúl Otoniel (29 de septiembre de 2012)

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